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Los desafíos del empleado 3.0

¿Ausentismo laboral? Todo un problema para las empresas y que decir en los equipos de proyectos… excepto en el caso de este nuevo tipo de profesional. Aquí, la productividad es la clave.

Un nuevo concepto está asomando en el horizonte corporativo: el empleado 3.0.
LAS_RE~1¿Qué es el “empleado 3.0”? Según los expertos, se trata de un nuevo tipo de trabajador independiente capaz de sacar el máximo partido de las nuevas tecnologías. Para esta clase de individuos, nativos tecnológicos, no valen los horarios ni las restricciones habituales a que se someten el resto de los trabajadores. Para ellos se acabaron las oficinas con horarios rígidos y jefes a la antigua. El conocimiento es su fuerte, la productividad, su baluarte incuestionable. El jefe que no se adapta, pierde. Simple. ¿No te gusta cómo trabajo? –dice el profesional 3.0−. Me voy a otro lado… tú te lo pierdes.
¿Queda claro? El empleado 3.0 se sabe indispensable. En el interregno del cambio de switch que esta clase de individuos produce en el mundo del trabajo de seguro habrá organizaciones que se sientan amenazadas. Habrá “jefes” que se sientan pasados a llevar, claro que sí. No obstante, lejos de constituir una amenaza este tipo de profesionales, bien gestionados, es en realidad una poderosa herramienta y una garantía de éxito para las compañías que sepan sacarles partido. Al mismo tiempo, esta clase de trabajadores del conocimiento están obligando a las organizaciones a adoptar nuevos valores, como la búsqueda de la diversidad y el respeto por el medioambiente, entre otros.

Una revolución organizacional
En octubre de 2012 Facebook alcanzó los mil millones de usuarios a nivel mundial. Por su parte Twitter ya superó los 500 millones de usuarios registrados. ¿Cómo prescindir de esta realidad acuciante de nuestros tiempos? Estos datos, que ya no sorprenden a nadie, no pueden ser soslayados. Cada día surgen nuevas opciones en la Web que significan nuevas oportunidades para las empresas. La mayoría de las compañías están conscientes que gestionar el enorme flujo de información que supone la masificación de los medios tecnológicos puestos a disposición de sus usuarios/clientes es obligatorio. Pues bien, la capacidad de “surfear” eficientemente sobre este inmenso mar de datos es la especialidad del empleado 3.0.

Cada día que pasa el talento y la tecnología van más estrechamente de la mano. Esto, pues el talento humano potencia la tecnología y la tecnología añade un plus incuestionable al talento.  En un entorno en que conviven tres tipos de profesionales –los pioneros, los emigrantes y los colonos tecnológicos− se necesitan cada vez más líderes capaces de sacar el mejor provecho de esta diversidad incorporando al acervo de la empresa el arrojo, la capacidad de aprendizaje y la versatilidad de cada uno de ellos, de modo de aprovechar las sinergias propias de los métodos tradicionales con los nuevos.

Así, cada vez es más frecuente oír hablar de la necesidad de pasar de la jerarquía a la redarquía, concepto que trastoca radicalmente las relaciones de poder en relaciones de participación. Igualmente, se oye hablar de que los profesionales han dejado de ser meramente un recurso de la empresa para comenzar a ser prosumidores, es decir, productores y consumidores de información.

La confianza es la clave
De este modo, el poder ha ido pasando hacia las personas y las relaciones han comenzado a ser cada vez más multidireccionales. En este cambio de modelo organizativo es cada vez más relevante la confianza existente entre las partes. Esta es la virtud básica que atesoramos y promovemos dentro del equipo de colaboradores en PMO2Win.
En palabras del psicólogo y abogado español, Javier Cantera Herreros, presidente del Grupo BLC –grupo especializado en la consultoría en la gestión de personas−: “es necesario variar el concepto de productividad, orientarlo a resultados. Para ello hay que cambiar el método de trabajo de forma que los profesionales se comprometan con la idea y el proyecto. La manera de conseguirlo es confiando en el empleado y ser flexibles. No hace falta que el profesional esté presente porque la conexión es posible a través de otros medios, porque la tecnología hace posible un trabajo diacrónico, no sincrónico” (ponencia “Desarrollo de un modelo de visión del empleado 3.0”. REDEPYME, Madrid, octubre de 2011).
Es decir, las empresas deben confiar en empleados que no están necesariamente en la oficina, pero que de todos modos obtienen resultados.

El nuevo profesional es multicanal y no tiene necesariamente ni un lugar de trabajo específico ni un horario definido. Da lo mismo si está en la piscina, el gimnasio o un bar… mientras produzca los resultados deseados. ¿Se entiende? No lo necesito a las ocho de la mañana en la oficina… ¡necesito que cumpla las metas y los plazos fijados! Punto.

Imagínese, como Director de Proyectos, eligiendo el personal adecuado para su proyecto. ¿Prefiere un tipo de traje y corbata poco proactivo frente suyo o a un “desconocido” con pinta de cualquier cosa que apenas ve, pero que cumple todas las metas una por una y además lo mantiene permanente al día de las nuevas posibilidades tecnológicas que pudieran serle útiles para su negocio? Usted decide.

Según Cantera, “corresponde a la empresa atraer al profesional con proyectos que estimulen su autoeficacia y que le reten a hacer marca. Pasamos del empleado anónimo a una persona con nombre y apellidos: el profesional fomenta su personal branding, su propia customización. Para aprovechar todo este potencial, hacerlo rentable y, lo que es más importante, retenerlo las organizaciones deben crear un ecosistema de libertad”.
En las compañías adaptadas a los nuevos tiempos –que saben sacar partido de los profesionales 3.0− cada vez más los espacios para reuniones han ido cediendo lugar a salas de recreación, espacios comunes, salas de bienestar, yoga, etc. Los grandes como Google, Microsoft y Coca Cola han sido pioneros en estos cambios.
Imagínese a una madre llevando a su niño de pecho al trabajo. ¿Complicado? Claro… a no ser que sea una profesional 3.0 que, al mismo tiempo que amamanta a su hijo, le está generando utilidades planeando, por poner un ejemplo, una estrategia de marketing viral en la Web. ¿Utopía? No, señor. Es que desde hace un tiempo a esta parte, relacionado con la irrupción de este nuevo paradigma laboral, se ha presentado un fenómeno de lo más interesante: la desaparición de las fronteras entre el trabajo y la vida personal.
Es el mundo de hoy, en que talento, conocimientos y recursos tecnológicos se han puesto al servicio no sólo de la rentabilidad de las empresas, sino además de la felicidad y la realización humanas.
¿Necesitamos empleados infelices? No. Necesitamos empleados productivos. La ecuación es simple.
El jefe tradicional −creyendo que él y la obediencia ciega de sus empleados son el centro del “universo empresa”− es como el Papa Urbano VIII que condenó a Galileo por defender las ideas de Copérnico… cuando, en realidad el centro de este universo es la productividad en sí misma, la eficiencia, la colaboración, etc. Hay cada vez más consciencia entre los líderes de hoy que, en medio de un mundo crecientemente competitivo, las empresas hacen la diferencia sobre todo con la aplicación de la inteligencia en la generación de más y mejores ideas, y que éstas sólo pueden ser producto del talento de las personas y de la interacción que se da entre ellas.
El objetivo de muchos de ellos es reducir la dependencia de los memos y mails despersonalizados, así como las reuniones formales, por los encuentros en entornos colaborativos presenciales y remotos. Esto se ha visto facilitado por la combinación de sistemas de comunicación integrados con dispositivos cada vez más portátiles, como las tablets y los teléfonos inteligentes, verdaderas minas de oro puestas en las manos adecuadas.
Las empresas piden resultados, las personas satisfacción.
¿Está claro, no? No necesitamos empleados obedientes y sumisos, necesitamos empleados talentosos, inteligentes y dedicados. Punto. Si funcionan con mayor o menor autonomía es un detalle, lo central aquí es la eficiencia, la rentabilidad, la inteligencia aplicada al objetivo. No hay más.
¿Terminamos con una frase para el bronce? Ok, aquí va:
“Dame un empleado del montón pero con una meta y yo te daré un hombre que haga historia. Dame un hombre excepcional que no tenga metas y yo te daré un empleado del montón…”. James Cash Penney, fundador de la cadena de tiendas J.C. Penney (1875-1971)

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  1. 2 mayo, 2013 en 13:57

    Empleado 3.0 esta bien que le saque mayor partido a las tecnologías, pero no por eso es mas fiable y listo que un empleado tradicional, hoy en día los empleados al tener muchos avances tecnológicos es mas fácil que se aprovechen de las empresas, yo personalmente he tenido muchos problemas con empleados por que a muchos no les gustan las cosas o bien no están de acuerdo ni siquiera quieren estar de acuerdo, siendo que al momento de firma del contrato se especifican las condiciones del empleo.

    Y por mellas tan pequeñas terminan demandando en la inspección del trabajo, que aun que yo tenga o no tenga razón, fundamentos, pruebas, ABOGARA SIEMPRE A FAVOR Y PARA EL TRABAJADOR.

    Para mi un empleado 3.0 es alguien con mayores problemas, por que aman la comodidad, el poco trabajo, las licencias medicas y aprovecharse de todos los beneficios que el estado les regala por ser simplemente unos vagos.

    Podría ser positivo, si! pero buenas experiencias han sido pocas, y esas son mis empleados actuales quienes cuentan con todo mi respaldo y beneficios, y son pocos que cuento con los dedos de mis manos.

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