El diálogo de los sordos (3era Parte): Pensar fuera de los esquemas

En las semanas anteriores nos referimos extensamente al tema candente de las manifestaciones estudiantiles en Chile. El país lleva largos años ya con esta espina atravesada en las vidas de todo el mundo sin que se vislumbre en el horizonte un atisbo de solución. Así, nos hemos visto obligados a asistir de manera cotidiana al triste espectáculo de ver cómo las partes se debaten hasta el cansancio en un “diálogo de sordos” que parece no tener fin.

Las consecuencias y peligros de quedarse empantanados en los problemas que la realidad continuamente nos proporciona es un tema recurrente también en el ámbito de la Dirección de Proyectos. En las grandes corporaciones el quedarse entrampado en problemas sin solución puede significar millones de dólares en pérdidas. Es lo que ocurre con muchos proyectos, nos quedamos discutiendo los problemas y no las soluciones o dejamos la resolución de problemas en manos de nuestros ejecutivos. La paradoja es que, desde la óptica de nuestra disciplina de la dirección de proyectos, no existen problemas sin solución

Cada vez que nos sintamos tentados a pensar que algo no puede ser resuelto debiéramos evocar en nuestra mente la historia de Adán y Eva siendo tentados en el Paraíso por la serpiente. En nuestro caso el “fruto prohibido” será siempre pensar que hay algo que no puede ser resuelto con los medios de que disponemos. La serpiente, por su parte, no será más que la personificación de la fe que pongamos en nuestra propia impotencia (es decir, no hay serpiente, nosotros mismos somos nuestra propia serpiente tentadora).

Vamos a decirlo de una vez y bien claro antes de continuar: NO HAY PROBLEMA QUE NO TENGA SOLUCIÓN. La creencia en la imposibilidad de resolver un problema –cualquiera sea su origen y magnitud− estriba única y exclusivamente en la existencia de un obstáculo temporal que erróneamente rotulamos de permanente. Es decir, nuestra impotencia frente a una dificultad cualquiera se deriva de una creencia errónea. Cuestión de fe le dicen, pero de fe invertida.

Vemos el cuadro que pinta la realidad en nuestra mente; lo más allá que llegamos es a ver el marco… pero obviamos el hecho de que siempre hay un “más allá” (un más allá de la vida, más allá del mundo, más allá de nosotros mismos, más allá de nuestros límites, etc.). Así, cuando nos encontramos en medio de un “problema insoluble” lo que en verdad ocurre es que se ha hecho manifiesto un impedimento cuya solución se encuentra en el futuro. Así de simple. La cercanía o lejanía de dicho futuro depende de la forma en que dominemos a nuestra propia serpiente seductora. En este sentido, todo buen Director de Proyectos es un encantador de serpientes.

Veamos un típico ejemplo. Sin levantar el lápiz, una los nueve puntos trazando cuatro líneas rectas:

 

Tómese su tiempo, dese unos segundos… no mire la respuesta.

¿Difícil, no? La mayoría de las personas al enfrentar este problema se guían por una expectativa autoimpuesta asociada al límite demarcado por los nueve puntos. Por lo tanto asumen que la solución debe encontrarse únicamente al interior de ese cuadrado imaginario. Es decir, buscan “dentro” olvidando el “afuera” o “más allá” del supuesto cuadro que “ven” nuestros ojos. Pero no es posible resolver ese problema si no se prolonga una línea fuera del cuadrado, como vemos en la siguiente imagen:

Pudiera parecer que la dificultad aquí no es tanto conceptual como ética pues trazar una línea yendo más allá del cuadrado se le antoja a nuestra mente caprichosa, insumisa, en su revoltosa arbitrariedad, casi como un ultraje al juego limpio de la vida. Sería un poco como jugar sucio –nos dice la mente−, como ir más allá de las reglas (después de todo, por algo existen los marcos). Pero esa es una falacia. En realidad no hay ningún cuadrado dibujado sobre el papel. Sabemos que un cuadrado está conformado por lados iguales, pero aquí no hay ángulos, ni lados, ni vértices, sólo hay nueve puntos. Es nuestra mente la que unió los puntos y dibujó un cuadrado donde antes sólo había puntos flotando en el vacío.

El ejemplo anterior nos demuestra que muchas veces asumimos cosas que no son, dificultando la resolución de nuestros problemas al distorsionar nuestra percepción de la realidad. ¿Cómo enfrentamos el problema fuera del cuadrado? ¿Cómo mirar más allá de nuestras expectativas? He ahí el problema

That’s the question

Nos imaginamos a los estudiantes en sus asambleas… casi podemos ver y palpar un concepto revoloteando en sus cabezas. Deliran por causa de ese concepto que pareciera escarnecer sus conciencias románticas, impolutas: el LUCRO, el LUCRO. Pero es puro idealismo el suyo, idealismo casi ingenuo, infantil. El lucro es malo, es lucro es malo –sopla Pepito Grillo en sus oídos−, el dinero es sucio, no hay “rico” que no le haya robado al pueblo, etc.

No juzgamos los conceptos. No nos importa la ideología aquí. Pero si nunca levantan sus miradas del suelo, los estudiantes movilizados no lograrán jamás ver el panorama completo. Es el peligro de las ideologías, del ideologismo… vivir con anteojeras. Por cierto, también ocurre lo mismo en la vereda del frente. Pareciera que no hay interés en ceder un ápice en las prebendas ganadas en el pasado en el curso de décadas de desigualdad y arbitrariedad económica. Un poeta diría: “Ahí van de la mano los mismos adversarios de antes, los de siempre; unos cautivos de la pobreza, los otros de la riqueza…”.

¿Y qué tiene esto que ver con la Dirección de Proyectos? Todo. Las personas necesitan salirse de sí mismas para poder verse tal como son y captar la verdadera dimensión de sus cualidades, defectos y puntos de vista. Las trabas en las negociaciones entre estudiantes y gobierno, entre estudiantes y legisladores, entre estudiantes y mundo político, tienen mucho que ver, en efecto,  con la ignorancia –de lado y lado− de los conceptos básicos del liderazgo, de las buenas prácticas dentro de las organizaciones humanas, la planificación, la capacidad de negociar asertivamente, la inteligencia emocional, la visión de conjunto, el neuromanagement, etc. Nuestros lectores habituales estarán acostumbrados a este lenguaje.

Les harían falta unas cuantas clases a muchos de los actores de este filme tragicómico… sordos todos. Suele suceder, en los que no tienen la práctica de ver la realidad como un todo, que terminan por dispararse en el propio pie sin darse cuenta. El costalazo después nos duele a todos. Pero los hay que juran que pueden montar un país caminando en un solo pie. Esto sucede también en las empresas. Ignoran que el que está en la vereda del frente es, con frecuencia, el otro pie del gran cuerpo de la sociedad y/u organización de la que formamos parte. Los hay que odian su pie derecho… y los que odian el izquierdo. ¿Se imagina usted el adjetivo calificativo que estuvimos a punto de escribir aquí?

Nadie llega a ninguna parte mirando sólo un lado de las cosas. ¿Se imagina usted a un hombre en la orilla del mar pensando que nada puede vivir bajo el agua? De seguro habrá bacalaos que piensen que nada puede vivir fuera del agua…

En fin. Trataremos de no volver a tocar el mismo tema. A fin de cuentas, sería bueno tratar de ahorrar en aspirinas.

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