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Reflexiones de un PM, luego de Londres 2012. Parte II.

En el artículo anterior publicado el 14 de este mes, esbozamos un análisis sobre la reciente participación chilena en los JJOO. Como gran parte del mundo, hemos quedado maravillados por lo que sucedió en la antigua capital del Reino Unido. Queremos ahora complementar ese análisis con un nuevo comentario lamentando el que se haya cerrado el telón de Londres 2012, pero alegrándonos de las lecciones y reflexiones que nos deja.

Magníficos Juegos. Gran espectáculo de principio a fin. ¡Bravo por los británicos! El prestigioso diario The Times decía en sus páginas al día siguiente del brillante y épico cierre de los JJOO: “la mejor fiesta en la historia del mundo es ya solo un recuerdo“. Pero un recuerdo grato, agregamos nosotros… un recuerdo grato para todos.

Como olvidar, por ejemplo, a la propia reina Isabel convertida en una “chica Bond”, o la escena en que Kirani James, el ganador de la prueba de los 400 metros planos, le pide intercambiar su número de camiseta al atleta sudafricano Oscar Pistorius, el de los “pies” de fibra de carbono. Están también, por supuesto, las increíbles hazañas deportivas de Phelps o de Bolt… y, para los chilenos, la sonrisa nerviosa de Tomás González mostrando orgulloso a la cámara el escudo en su pecho mientras esperaba la calificación de los jueces en la final del salto. Gratos recuerdos para todos. ¡Así se hace muchachos!

Pero Londres 2012 significó mucho más que eso. ¿Algunas cifras?: 10.919 atletas (4.841 mujeres) participaron en los Juegos representando a 206 nacionalidades diferentes aglutinadas en 204 asociaciones afiliadas al Comité Olímpico Internacional (COI). Se desarrollaron 26 deportes que abarcaron 39 disciplinas deportivas que generaron más de 300 eventos en 19 días de actividad ininterrumpida. Además, se repartieron 4.700 medallas…, etc.

Si uno quiere hacerse una idea de lo que significa organizar la agenda de toda esta actividad basta visitar este sitio para dimensionar la magnitud de la tarea que suele caer sobre los hombros de los organizadores de este tipo de acontecimientos.

Londres fue elegida ciudad sede de los Juegos el día 6 de julio de 2005 durante la sesión del COI desarrollada en Singapur. Los británicos tuvieron siete años para prepararse. La tarea no era fácil. Hubo críticas de muchos sectores, temores de todo tipo: que la situación económica, la recesión, las amenazas a la seguridad, el terrorismo, el posible colapso del antiguo sistema de transportes de la ciudad, etc. Sin embargo, una vez concluidos los Juegos el balance ha sido más que positivo. De hecho, el primer ministro británico, David Cameron, llegó a declarar que Londres 2012 ha supuesto “una enorme inyección de autoestima” para un país que, al igual que el resto del Viejo Continente, se encuentra atravesando por una grave crisis económica. Se sabe que la organización de estos megaeventos deportivos demanda un enorme trabajo de equipo. Es una tarea titánica. Pero el Reino Unido pasó la prueba y hoy no hay más que aplausos y elogios para los organizadores y el pueblo británico.

La organización

La organización de los Juegos de Londres estuvo a cargo de dos entes complementarios: el Comité Organizador, liderado por el ex campeón olímpico de los 800 metros planos, Sebastian Coe, y la Oficina de Proyectos de las Olimpiadas (ODA por sus siglas en inglés). El primero era el responsable de la planificación global y el financiamiento de todo el proceso, además de la ejecución de las ceremonias de apertura y de clausura y de la marcha de la llama olímpica, entre otras tareas. Por su parte la ODA fue la entidad encargada de la realización de las obras materiales necesarias para el desarrollo de todas las actividades, así como del transporte y la organización de los servicios asociados a la buena marcha de las competencias.

Por supuesto, ambas entidades tuvieron que trabajar en conjunto con otros organismos y estamentos políticos sin cuyo apoyo la materialización de la máxima fiesta del deporte mundial hubiese resultado inviable, entre ellos la alcaldía de la ciudad, el gobierno central, los organismos de inteligencia, las Fuerzas Armadas, el Departamento de Cultura, Comunicaciones y Deportes, etc.

Entre otras cosas, había que coordinar la actividad de los 7.000 empleados del Comité Organizador, y las de los más de 18.000 militares, 42.000 efectivos de seguridad, 70.000 voluntarios, la mayoría de los cuales tenía que dominar por lo menos un idioma además de su inglés nativo, etc. Por si todo esto fuera poco, estaba el tema natural de la afluencia masiva de turistas, hinchas y periodistas de todos los rincones del planeta. Toda esa gente necesitaba llegar a los terminales aéreos, desplazarse por la ciudad, alimentarse, alojar en algún sitio, etc. Se calcula que durante los meses de verano normales Londres recibe unos 300.000 visitantes. Aún no hay cifras oficiales, pero se estima que durante los Juegos esa cifra se incrementó hasta llegar a unos 100.000 turistas… ¡por día! Todo esto hace que la organización de un evento de esta magnitud sea un ejercicio logístico sólo comparable al desarrollado por los países en situaciones extremas, como en el caso de una guerra o en respuesta a catástrofes naturales de alto impacto.

Es en este punto donde la cosa comienza a interesarnos en lo que atañe a nuestra actividad profesional. Una empresa como esta no puede ser llevada a cabo sin tomar en cuenta los estándares y principios fundamentales de la Dirección de Proyectos. De hecho, para organizar adecuadamente las actividades de los Juegos Olímpicos había que desglosar los más de 300 eventos deportivos específicos en miles de tareas concretas a ser ejecutadas por personal altamente calificado. Evidentemente, el control de todo este trabajo tuvo que ser puesto bajo la responsabilidad de gerentes especializados cuya misión incluyó la selección y capacitación de cada uno de los funcionarios puestos bajo su cargo. A su vez, todas estas gerencias se coordinaron en instancias superiores para procurar que todos los recintos estuvieran listos para recibir todas las actividades a tiempo, las cuales eran transmitidas por televisión a todo el globo. Por supuesto, los atletas junto a sus cuerpos técnicos y personal médico adjunto, además de los jueces y árbitro de las respectivas competencias, tuvieron que estar siempre en el lugar correcto en el momento preciso, sin mencionar los implementos a utilizar en cada competencia, indumentaria, provisiones, utensilios, bicicletas, veleros, caballos, etc. No hay lugar a errores aquí. Todo tiene que funcionar con la precisión de un reloj suizo perfectamente calibrado.

Hay que pensar en toda esta actividad vertiginosa e incesante para aquilatar la importancia de la Dirección de Proyectos. No se pueden llevar a cabo empresas de tal magnitud sin tener en cuenta sus directrices esenciales. No se organizan unos Juegos como los de Londres sin llevar a cabo un trabajo de equipo impecable desde los más altos niveles directivos y administrativos hasta el último bastión de mando. Aún más teniendo en cuenta el esfuerzo realizado a objeto de convertir a estos Juegos en los primeros de la historia en incorporar la variable de la sostenibilidad medioambiental entre sus fines estratégicos prioritarios, con la consiguiente meta de “cero residuos” -gran término que me lleva a la excelente película Apollo 13, otro día escribiremos de ese mega proyecto de salvataje- y reciclaje eficiente esgrimida como argumento por la delegación británica en su postulación. Esto junto con la meta complementaria de la vigilancia y estudio permanente de la huella de carbono generada desde el momento mismo del inicio de las tareas de construcción y reconstrucción de los recintos deportivos –junto con la edificación de la infraestructura necesaria para albergar a las delegaciones, medios de prensa y visitantes ocasionales–, hasta el momento de la entrega de todo esa infraestructura a la ciudad misma, que se habrá beneficiado a la larga con la ganancia de nuevos espacios públicos, plazas, parques y viviendas sociales de primerísima calidad, sin mencionar la modernización del transporte público y otras ventajas, como el saneamiento de suelos contaminados, mejoramiento de hábitats, generación de empleos, etc.

Y nosotros… ¿seríamos capaces de organizar unos JJOO?

En una transmisión televisiva un comentarista contó que Jacques Rogge, el presidente del COI, habría declarado en algún momento –evidentemente antes de que el organismo decidiera concederle a Río de Janeiro la responsabilidad de organizar los Juegos del 2016–, que Latinoamérica no se encontraría preparada para organizar dicho evento antes de veinte años. No sé si esta afirmación corresponda a algo efectivamente dicho por el mandamás del COI (no he podido encontrar la cita respectiva), pero sin duda la inquietud presuntamente manifestada por Rogge hacía alusión más a la capacidad organizativa de los países latinoamericanos que a la capacidad económica de los Estados y particulares de cualquier país de la región para financiar el sueño olímpico. Después de todo, está demostrado que casi siempre el esfuerzo realizado se ve recompensado con creces por los ingresos que generan este tipo de eventos, amén de la ganancia en infraestructura y los dividendos políticos que generalmente obtienen sus impulsores.

Pero la duda, por lo menos en lo que respecta a nuestro país, está planteada. Sería un lindo ejercicio plantearse seriamente desafíos como este, aunque sólo sea en el terreno de las especulaciones. ¿Qué haría Chile con una responsabilidad como esta? ¿Seríamos capaces de organizar un evento semejante? ¿Por qué no en Chile…?

Desde luego, basta echar una mirada a lo que pasa en las federaciones y asociaciones deportivas del país, analizar el rendimiento de sus deportistas y constatar cómo tantas veces lo que se escribe con la mano se borra con el codo para encontrar la respuesta: NO, EN CHILE NO SERÍAMOS CAPACES DE ORGANIZAR UNOS JJOO COMO LOS DE LONDRES… NO AÚN. ¿Qué nos falta? Es sencillo: liderazgo, cultura organizacional, capacidad de realización, disciplina, constancia, etc. Haría falta que toda una generación de emprendedores, líderes de opinión, periodistas, políticos y dirigentes deportivos se pusieran a trabajar en serio en el deporte, aquilatando correctamente la dimensión social y psicológica de los éxitos deportivos, para que Chile se encontrara en posición de dar el salto. Pero aún estamos en pañales en esta materia.

En todo caso, si hubiera dirigentes interesados en saber cómo se hace para hacer bien las cosas… aquí estamos para acompañarlos. Hay toda una disciplina que se encarga de esto, se llama Dirección de Proyectos. Para servirlos!….

…mientras tanto, seguimos trabajando para que algún día PMO2Win pueda apoyar un futuro gran deportista y/o músico, no solo con palabras sino con recursos.

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