Pensamiento Lateral.

Cierta noche estaba sentado en la barra de un bar meditando sobre un problema laboral al que no le veía solución. Con mi mano izquierda hacía girar el hielo al interior de un vaso de buen whisky. Con la otra mantenía un documento de la oficina frente a mis ojos cansados. De fondo alguien martirizaba las teclas de un piano algo desvencijado. Un músico algo entrado en años improvisaba acordes de jazz que calmaban mis sentidos. Me dolía la cabeza. De pronto vi entrar a un hombre delgado y bien vestido que se aproximó a la barra con paso apresurado. Llevaba el primer botón de la camisa abierto y el nudo de la corbata suelto y torcido. Lucía nervioso y demacrado. Con una mano llamó al barman y le pidió un vaso de agua. Éste lo miró unos segundos a los ojos, se agachó bajo el mesón y sacó una pistola que puso sobre el entrecejo del desconocido. Instintivamente solté el documento que tenía en mi mano y me eché hacia atrás. Por unos segundos pareció que el entorno se desvaneció en el negro de la noche. La música, la débil luz de las lámparas, las voces de la gente presente en el lugar, todo fue tragado por la nada. Me pareció que hasta mi corazón había dejado de latir…

El intruso abrió los ojos y quedó paralogizado, pero pronto reaccionó con satisfacción, aspiró una buena bocanada de aire, le dio las gracias al barman y se fue del lugar con una sonrisa a todo lo ancho de la cara. La escena fue tan breve que nadie más se dio cuenta de lo que había sucedido. El viejo músico seguía dándole a las teclas con una pasión trasnochada, como sacada de una película de los años cincuenta. El murmullo de las conversaciones no había mermado. De cuando en cuando alguna risa estrepitosa hacía subir los decibeles del ruido ambiente mientras el sonar del cristal de copas y botellas que chocaban entre sí improvisaban una segunda melodía de fondo tras los acordes del viejo jazzista. El barman ocultó el arma como si nada y siguió en lo suyo. Yo lo contemplaba perplejo sin saber qué decir. Entonces el hombre irguió su mirada, me sonrió y dijo simplemente: “El pobre tenía hipo…”.

Me quedé sentado allí sin poder creer lo que había sucedido. Una sonrisa se dibujó en mis labios. El dolor de cabeza había desaparecido sin dejar rastros. Bebí un buen trago de whisky y aparté aún más el documento de la oficina. No quería saber nada de los problemas del trabajo. Los pensamientos oscuros que hasta hace unos segundos me obsesionaban habían desaparecido. Puse el vaso sobre el documento y me sentí complacido de que la humedad dejara su marca circular sobre el papel blanco inmaculado. Incluso vertí con satisfacción una gota de whisky sobre el título. Ya no había problema. La situación inesperada, el desplante del barman, la risa que me produjo el episodio, lo habían hecho desaparecer. Aprendí una lección ese día…. una lección que ahora comparto con ustedes.

Pensamiento lateral. Simple. La solución al acertijo del bar no puede ser hallada más que por la aplicación de una nueva forma de pensar y ver las cosas. Sumidos en la cotidianeidad de la vida, hechos como estamos para pensar de forma lineal, uniforme, siguiendo patrones repetidos, no estamos preparados para enfrentar situaciones que sobrepasen los límites de dicha cotidianeidad. Es decir, podemos arreglarnos para resolver fácilmente los pequeños problemas que se nos presentan en el día a día cuando estos son parte de situaciones previsibles y lógicas que reflejan patrones de comportamiento a los que estamos habituados. Pero cuando los problemas adquieren mayor complejidad suele no bastar con dichos patrones para “pensar” las soluciones o salidas.

El pensamiento lateral puede ser definido como una técnica del pensar que permite la resolución de problemas de manera creativa y muy poco ortodoxa. El término fue acuñado por el escritor y psicólogo Edward de Bono en su libro New Think: The Use of Lateral Thinking (1967). Se trata de un método de pensamiento creativo que permite organizar los procesos de pensamiento de un modo muy distinto a como habitualmente lo hacemos. La originalidad y creatividad son la clave aquí. Así, problemas aparentemente insolubles son resueltos por formas de pensar que se apartan completamente de los rieles por los que habitualmente fluye nuestro tren de pensamientos.

Según este esquema la incumbencia natural entre elementos de nuestra realidad se rompe para hacer entrar en escena conexiones absolutamente nuevas o “impensadas”. Las sillas dejan de ser objetos para sentarse, por ejemplo. Los viejos caminos no sirven. Hay que descubrir los atajos, los intersticios, los recovecos. La idea es encontrar conexiones nuevas, nuevas formas de unir las variables y ver los derivados de las interacciones habituales entre los sucesos. Aquí no cabe la rigidez, el apego a lo previsible, la comodidad del pensamiento automático basado en pautas preestablecidas. El resultado es el descubrimiento de una inagotable fuente de riqueza: la creatividad, el ingenio, la improvisación, la innovación.

Según Bono, esta clase de pensamiento puede ser desarrollado y cultivado por medio del entrenamiento en técnicas de pensamiento que faciliten la experiencia de acostumbrarse a mirar la realidad con ojos distintos para aprender a encontrar múltiples puntos de vista.

Por ejemplo, un experto en el tema, el conferenciante y escritor británico Paul Sloan, da en su sitio web,  una lista de problemas clásicos de este tipo de pensamiento. Entre ellos citamos el del ascensor, con una pequeña variante: supóngase un individuo que vive en el décimo piso de un edificio. Como variable a tener en cuenta diremos que al sujeto no le gusta hacer ejercicio. Cada vez que tiene que salir de su departamento toma el ascensor hasta la planta baja para salir a la calle, pero cuando regresa sólo sube hasta el séptimo piso y recorre el resto del tramo por la escalera. ¿Por qué…? ¿Por qué este individuo reacio a hacer ejercicio se da el trabajo de subir los niveles restantes a pie pudiendo tomar el ascensor hasta su propio piso. Este tipo de acertijo sólo puede ser resuelto utilizando el pensamiento lateral. La respuesta no puede ser encontrada usando las habituales categorías de pensamiento lógico y lineal. Pero una vez hallada uno suele exclamar: ¡cómo no lo pensé antes!

Lo que ocurre es que si uno se acostumbra a provocar el pensamiento incitando nuevas formas de ver las cosas, los problemas que antes parecían insolubles se vuelven sencillos. Es como agregarle dimensiones a la realidad. Supongamos por un momento que nuestros esquemas de pensamiento habituales fueran análogos a un mundo en dos dimensiones. Cuando nos encontramos con problemas sin solución es como si nos encerraran de pronto en una habitación completamente cerrada por los costados, sin puertas ni ventanas. ¿Cómo salimos? Imagínese encerrado entre cuatro paredes. Un poco anonadados, miraremos primero hacia el norte, luego hacia el sur; después volveremos la vista hacia el este, luego hacia el oeste… y nada. Descripción de la situación: no hay salida. Pero agregue usted una tercera dimensión a ese extraño mundo de dos dimensiones: ahora tenemos la dimensión arriba/abajo. La salida siempre estuvo ahí, sólo que no la veíamos. Sólo teníamos que saltar los muros.

Lo mismo ocurre con el pensamiento lateral. Nuestra forma de pensar habitual es tan chata como un mundo de dos dimensiones. Y en la medida que vamos aprendiendo a pensar lateralmente, en la medida que vamos desarrollando esta habilidad, le vamos agregando dimensiones a la realidad.

En verdad el pensamiento lateral puede llegar a ser un motor de cambio para el mundo entero, envuelto como está hoy en problemas de todo tipo: conflictos sociales, catástrofes ecológicas, crisis económicas y políticas, etc. Pero nosotros no tenemos que ir tan lejos. La Dirección de Proyectos puede y debe nutrirse de semejante posibilidad. Las organizaciones requieren cada día más de esta clase de esfuerzos, inmersas como están en un mundo tan competitivo. La originalidad, la innovación, las nuevas formas de pensar la realidad, he ahí la meta de todo líder que se respete.

Una cosa más, el episodio del bar narrado al comienzo es ficticio y corresponde a un problema clásico del tema presentado por Paul Sloan.

Por cierto, ¿quiere saber por qué el individuo del ascensor sólo podía llegar al séptimo piso? No se pierda el siguiente artículo…

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  1. Lenin Delgado
    31 mayo, 2012 en 0:02

    NO ME PERDERE EL SIGUIENTE ARTICULO. MUCHAS GRACIAS

  2. Albina Sabater
    31 mayo, 2012 en 20:17

    El pensamiento lateral es aplicable en muchas situaciones. Ejemplo: un hombre tenía una gran deuda con un usurero. No podía pagarla. El usurero le dijo: “Dame tu hija como esposa”. La hija no quería ese matrimonio. Ella propuso al usurero: “Dejémoslo al azar. Ponga usted en una bolsa 7 guijarros negros y 7 guijarros blancos. Si yo saco uno negro, me casaré con usted. Si saco uno blanco, la deuda quedará saldada y yo quedaré libre”. El hombre aceptó. Pero, astuto como era, sólo puso guijarros negros en la bolsa. Así, la chica no tendría opción. Ella, inteligente, y usando el pensamiento lateral, abrió la bolsa en el lecho de un río donde había muchos guijarros blancos, y al sacar el primer guijarro de la bolsa hizo como que se le caía, Dijo “Perdóneme, qué torpe soy”, y hábilmente cogió uno blanco del suelo. Al usurero no le quedó más que aceptar, ya que no podía mostrar la bolsa.
    Así, todo se resolvió, sin violencia, pero con inteligencia.

    Albina Sabater
    Periodista y editora
    Santiago, Chile

  3. 13 junio, 2012 en 21:00

    Si existe un paladin del pensamiento lateral, ese es precisamente el personaje de Sir Arthur Conan Doyle, Mr Sherlock Holmes, todas sus deduciones eran 100% sacadas de la “Lateralidad”

    Gracias por tu comentario Albina

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