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La Gestión de Conocimientos y la “Salida Feliz” de los Proyectos.

Un dicho popular afirma que el éxito es un juego de la mente… ¿Qué hay de cierto en ello? ¿Es el éxito una ilusión? Muchos gurúes del management sostienen que en cuanto al verdadero éxito la suerte no tiene ninguna importancia. Ganarse la lotería no constituye un rasgo de éxito. Escalar el Everest sí. Entonces: ¿qué es el éxito?

La palabra éxito proviene de la expresión latina exitus, que significa “salir” o “salida”. En lengua inglesa el término exit conserva aún el mismo significado original, pero en castellano evolucionó hasta connotar una “salida feliz” o “resultado feliz” de un negocio o proyecto cualquiera.

Así pues: ¿qué es el éxito en la Dirección de Proyectos y cómo se consigue?

Se dice que en los negocios el éxito es fruto de la constancia, el método y la organización. Einstein dijo una vez: “En lugar de ser un hombre exitoso, busca ser un hombre valioso. Lo demás llegará naturalmente”. Otro dicho popular afirma que “la paciencia es la madre del éxito”. Vamos computando.

En  PMO2Win estamos convencidos que el éxito es una conquista de la voluntad humana. Está al alcance de todos a condición que se sigan ciertos pasos. Un proyecto es una cosa compleja, con vida y personalidad propias. No es llegar y abrazarse. Hay que trabajar mucho y hacerlo de determinada manera.

Básicamente se trata de llevar a cabo una planeación eficaz desde el comienzo, de concebir y diseñar todo el proceso concienzudamente, de trazarse objetivos realistas, de organizar y disponer inteligentemente los recursos disponibles, de saber motivar a los participantes, de diseñar un modelo coherente y eficaz de delegación de responsabilidades, de implementar sistemas de control y evaluación permanentes, de favorecer un clima de comunicación efectiva, etc. La receta se completa con el ingrediente básico de todo proyecto: trabajo, trabajo y más trabajo… pero trabajo entusiasta.

Por otro lado, Winston Churchill dijo una vez que “el éxito es la capacidad de ir de un fracaso a otro sin perder el entusiasmo”. Bien, de eso se trata.

Es importante que todo buen Director de Proyectos conozca y domine los factores de éxito de un proyecto. Como ya nos hemos referido a este tema con anterioridad, ahora lo abordaremos desde un punto de vista alternativo. ¿Cómo hacemos que un proyecto tenga un resultado o salida feliz? Pero antes: ¿qué hemos de entender por “salida feliz” de un proyecto?

Desde cierto punto de vista podemos decir que un Director de Proyectos exitoso se define por su capacidad de aprendizaje. Parafraseando a Churchill: un buen líder va de un proyecto a otro gestionando el conocimiento adquirido como quien amasa una bola de nieve. La gestión de conocimientos es la clave que permite capturar, almacenar y difundir la comprensión crítica de la realidad de una organización y utilizarla en provecho de la misma.

En efecto, todo proyecto puede ser analizado como un proceso de transformación de la información. Desde este punto de vista, un Director de Proyectos es un alquimista que transforma las variables caóticas que convergen en el entorno de un proyecto en un proceso funcional orientado al cumplimiento de los objetivos previstos. Así, la “salida feliz” representa tanto este cumplimiento como el aprendizaje realizado, que permite que un flujo dinámico de conocimientos quede siempre disponible de cara a desafíos futuros. De esta manera, el proceso de aprendizaje de un líder no cesa jamás. Leonardo da Vinci decía: “La naturaleza benigna provee la manera de que en cualquier parte halles algo que aprender”. Exacto.

En síntesis, un proyecto exitoso es producto de una adecuada combinación de inteligencia, conocimiento, talento, sentido común y esfuerzo invertidos en su concreción. Esto supone que todo proyecto tiene necesariamente que generar conocimiento, entendiendo éste como la capacidad de procesar información útil en determinado contexto según la propia experiencia. Esto supone una capacidad de interpretación y de reflexión respecto de la propia experiencia y de la ajena. El ser humano es la única criatura capaz de pensar pensamientos que no son propios e integrarlos en un todo coherente con la propia reflexión y experiencia. Esta capacidad es la que permite la acumulación de conocimiento y el progreso cultural y tecnológico de los colectivos humanos.

Y ahí está la clave. La “salida feliz” de un proyecto se mide al responder la siguiente pregunta: ¿Cuánto he aprendido? Nunca debe menospreciarse esta cualidad de aprendizaje permanente. Después de todo, como decía cierto distinguido pensador de cuyo nombre no consigo acordarme: “Nadie es tan sabio que no tenga nada que aprender, ni tan ignorante que no tenga nada que enseñar…”.

Entender la realidad como un flujo dinámico de eventos y procesos complejos ayuda a situarse respecto de la misma en la posición correcta: flexibilidad, ductibilidad, adaptabilidad. Ortega y Gasset decía que “hay tantas realidades como puntos de vista”. Cierto. El mismo criterio puede ser aplicado tanto a la física cuántica como a la Dirección de Proyectos. Eso sí, frente al mar de complejidad en que vivimos el único punto de vista capaz de mantenernos siempre a flote, sin importar los cambios en las corrientes, pleamares y resacas de la realidad, es la esa capacidad de adaptarse a los cambios permaneciendo, al mismo tiempo, fieles a nosotros mismos contra viento y marea.

Un Director de Proyectos, un líder, es la vela de una organización. Lo lejos que ésta llegue dependerá siempre de la flexibilidad y capacidad de aprovechar los vientos y tempestades que determinan el escenario vital de la empresa.

El éxito o fracaso no es un juego de la mente, sino el resultado de una disposición anímica que permite encontrar una “salida feliz” a toda disyuntiva. No hay ilusión posible cuando nuestra idoneidad y aptitud se basa en una gestión de conocimientos adecuada. Procesar, almacenar, difundir y aplicar la información en forma correcta no puede menos que volvernos exitosos en los términos que hemos convenido aquí. Y volvemos a las sabias palabras de Einstein: somos exitosos en la medida en que nos convertimos en hombres valiosos. Así de simple.

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